CAPITULO 1.-
Con lo que le gustaba el sol, no entendía como había acabado trabajando en Londres. En Barcelona, el clima era mucho más cálido y variado. Allí, casi siempre estaba nublado. Y tampoco le gustaba que lloviera, como estaba haciendo en aquel preciso momento. Se había levantado a las siete de la mañana, y ya lloviznaba un poco. Pero eran las ocho y media, y estaba diluviando.
Llevaba dos meses allí. Su antiguo jefe, le había recomendado a Thom. El dueño y director, de la revista Mujeres de Hoy. Y había tenido suerte, necesitaban una nueva fotógrafa para cubrir los reportajes. Además, había congeniado de maravilla con él y su mujer Helen, eran como viejos amigos.
De repente, sus pensamientos fueron interrumpidos por la estridente música de su móvil. Era Karolaine. Ella y Marta, iban de camino a la oficina cuando la habían divisado en el autobús. Así que picó parada, para poder bajarse y caminar el resto con ellas. Descendió las escaleras y se dirigió al paso de peatones corriendo, mientras intentaba abrir el maldito paraguas que en aquel momento se le estaba resistiendo, no viendo venir a la persona que iba en dirección a ella bastante rápida también. El encuentro fue tan fuerte, que aquella muralla humana se la llevó por delante, derribándola bajo su peso en el húmedo asfalto y dejándola al momento sin respiración.
Levantó la mirada, preparada para soltar todo lo que se le estaba pasando por la mente, cuando se quedó bloqueada al toparse con aquel par de ojos verdes. La estaban mirando con enfado, pero al momento vio como pasaron a un escrutinio intenso poniéndola nerviosa.
-¡Sabrina! ¡Sabrina! -Karolaine y Marta, se acercaron corriendo tras presenciar lo ocurrido. Sacándola de su estupor, la voz de sus amigas consiguió que viera en donde se encontraba, tirada en medio del asfalto con un adonis medio tumbado encima de ella y empapándose como una idiota-. ¿Estas bien? ¿Te has hecho daño?
-Sí, estoy bien -Respondió con rapidez, sin darse cuenta que por culpa de los nervios respondía en su lengua natal.
-La culpa la ha tenido éste bruto, que se te ha abalanzado encima -Acusó con rapidez Marta. Consiguiendo que el individuo la mirara serio, por una fracción de segundo.
-Por supuesto señorita, hoy no tenía otra cosa que hacer que marcarme un placaje y empaparme -gruñó con voz ronca-. ¿Puede levantarse?
-Sí... Creo que cuando usted, se quite de encima mío -Respondió con rabia. De acuerdo que su amiga lo acusara injustamente, pero tampoco era para ponerse tan brusco con ella. Pudo observar ante su respuesta, que éste arqueaba una ceja y tras levantarse con agilidad le tendía la mano-. Gracias, pero puedo levantarme por mí misma -Volvió a soltar con cierto orgullo, provocando una leve sonrisa en las comisuras de los labios de aquel individuo.
-Vaya... -notó un tono de humor-. Creo que nos hemos mojado un poquito.
-Sí -soltó con cierta voz cortante.
-Siento mucho lo ocurrido, iba con prisas por intentar no llegar tarde a una reunión y por no mojarme mucho, la verdad -sonrió-. Que cuando la vi aparecer, ya no pude hacer nada...
Se calló de golpe, al sentir como el conductor del autobús, tocaba el claxon con energía para que salieran del medio. Ya en la acera, bajo la protección del paraguas de Karolaine. Su amiga Marta volvió hablar.
-Ahora, como vas a presentarte en la reunión así -le reprochó ésta.
-Pues tendré que ir a cambiarme...
-¿También tiene una reunión?
-Sí, de aquí a veinte minutos -Volvió a responder su amiga-. Y no puede presentarse así.
-¿Trabaja muy lejos? -Preguntó con gran interés.
-Verá, yo...
-Aquí mismo, en el Edificio XIV -Señaló con rapidez Marta, consiguiendo una mirada reprobadora de ella.
-Me dejaría corregir ese problema, me siento un poco culpable por todo...
-No -lo zanjó con voz cortante, mirando al momento a sus amigas con gran enfado.
-Mi única intención, es de hacerle llegar ropa limpia lo más rápido posible -continuó como si ella no le hubiese dicho nada-. Solo dígame su nombre, la planta en donde mandarle...
-¡Qué! -soltó sorprendida.
-Sabrina García -habló aquella vez Karolaine-, Trabaja en la novena y décima planta...
-¡Karolaine! -la regañó, totalmente consternada-. No tiene que arreglar nada, la culpa la hemos tenido los dos y punto -Se dirigió a él, con sequedad-. Siento lo ocurrido, que tenga un buen día -Dicho aquello, emprendió la marcha dándole igual si sus compañeras la seguían.
Diez minutos después, en los servicios de señoras. Sabrina se secaba su larga cabellera rubia, bajo el secador de manos. Mientras intentaba contener su cólera, pero le fue imposible contenerse ni un minuto más.
-¡Porqué! -se giró hacia ellas dos, que la observaban atentamente como si supieran el breve ataque que les esperaba.
-Te lo debía. Y aparte, está como un tren -chilló Karolaine.
-Cierto, yo hubiera sido tú y me habría hecho la desmayada por si me hacía el boca a boca -sugirió Marta, divertida.
-Pero si fuiste una borde, acusándolo del encuentro -Señaló Sabrina.
-Que quieres, solo le veía la espalda -se rió-. Además, creo que su cara me suena de alguna cosa.
-¡Estáis mal de la cabeza! -observó Sabrina-. Y yo, estoy aquí empapada con una reunión en menos de cinco minutos. Y a punto de sufrir un ataque de nervios...
La puerta se abrió, dando paso a una mujer alta y morena. Susan. Era la que faltaba del cuarteto de amigas de la oficina. Y era la secretaria personal de Thom.
-Estas de suerte chica, se acaba de aplazar la reunión por varios motivos. Aparte de eso, te acaban de traer cuatro cajas. Hay que ir a recogerlas abajo a recepción...
-¿Cómo? -No entendía nada-. ¿Qué ha ocurrido?
-Thom, quiere que cuando puedas te pases por su despacho -sonrió con malicia-. ¿Por cierto, desde cuando compras por encargo en Valenttino?
-Susan, no te comprendo... -dijo extrañada.
-Abajo en recepción, te esperan cuatro cajas. Supongo que contendrán ropa, dado que son de Valenttino. ¿Por eso, desde cuando eres tan rica para comprar ahí?
-¡Valenttino! -exclamaron las otras dos chicas-. Eso debe de ser de él, vamos a buscarlas... -Entre gritos y risas, sus dos compañeras salieron volando de los servicios, dejándolas paralizadas por un momento ante tanta locura.
-¿Y a esas dos qué les ocurre?
-Nada, que cuando pueda las líquido.
-Me apunto -le siguió el juego-. Acuérdate de pasar por su despacho, me marcho...
-De acuerdo.
-¡AH! Y que no se te olvide de contarme quien es ese "él "... -soltó riéndose.
-¡Tú también! -alzó los ojos al cielo-. Dejadme en paz, por favor -Sollozó.
Pasados cinco minutos, consiguió secarse el pelo. Y uno después, entraron las locas corriendo como crías, con un par de cajas cada una en sus manos.
-Sabrina...Mira que traemos -Depositaron los paquetes en el mármol del lavamanos y se quedaron quietas, con mirada de ansiedad en espera a que los abriera.
-¿Y? -preguntó un tanto asustada.
-¿Cómo que, y?... -La acusó Marta-. Ya las estas abriendo.
-Sí, no todos los días una conoce a un adonis y que a los veinte minutos, te compre ropa de Valenttino -Puntualizó Karolaine.
-Estáis muy mal -suspiró-. Lo hizo por cumplir...
-¡Ábrelas ya! -chillaron las chicas.
-No pienso aceptar nada, de ese presuntuoso...
-¡Sabrina! -la regañaron.
Con dedos nerviosos, levantó la tapa de la caja más grande. Dentro había un preciso traje blanco, aquel tejido era magnífico. Abrió una segunda, hallando un jersey y un pañuelo a juego con el traje. En las otras dos, había un juego de zapatos. Cada uno era diferente, al igual que de talla.
-Cada vez me gusta mas -admiró Karolaine-. Mira hay una nota.
Aún más nerviosa, abrió el pequeño sobre marrón y leyó la breve nota:
"Acepta mis disculpas. Espero haber acertado en la talla. Los zapatos, no me decidía entre dos números.
Hasta muy pronto, mi pequeña Sabrina.
LC."
-¿La nota está escrita por él? ¿LC? -pensó un momento Marta-. Me suena mucho, de verdad.
-Anda, ponte el traje -La animó Karolaine-. ¡Sabrina, despierta!
Estaba atontada y enfadada. Por lo visto, él tenía muy seguro que iban a volver a encontrase. Y como se atrevía, a tratarla de forma tan posesiva... Encima, él jugaba con muchísima ventaja, al saber su nombre y lugar de trabajo. Y ella de él, nada. Solo que era guapísimo, presuntuoso, que tenía dinero y sus iníciales... Genial, odiaba estar en desventaja.
-¡Te queda perfecto! Vaya ojo que tiene...
¡Perfecto!. Encima, con solo chocarse adivinaba su talla. ¿Si la tocaba, que es lo siguiente que averiguaría, si estaba ovulando?... Suspiró nerviosa, quitándose sus pensamientos sarcásticos. Se miró al espejo. La verdad, es que nunca había llevado nada tan bonito... No debería aceptarlo. Aquello era como canjear una vaca, por una mujer en tiempos antiguos. Lo que en aquellos momentos, era un par de noches en una cama que no era la tuya. Y ciertamente, no había venido a Londres para ser la esclava sexual de ningún adonis, por muy seductor que éste pudiera resultar. Con el ceño fruncido, se giró a sus compañeras.
-Cuando me lo encuentre, le devolveré el dinero.
-¡Qué! -se rió Karolaine.
-¿Y cómo piensas pagarlo? -preguntó Marta.
-Con mis ahorros...
-Tonta... -le reprocharon-. Yo le daría las gracias y ya está. ¿Qué te puede ocurrir?
-¿Que se crea, que me tiene en su cama? -ironizó escandalizada.
-Que virginal- se mofó sonriendo Marta-.Pues entonces, coges y le das mi número de teléfono, ya me encargaré yo de zanjar el asunto...-se rió.
-¡Marta! -la regañó.
-¡Qué! El tío está que no me veas....
-¡Odio sentirme así! Me voy hablar con Thom, necesito despejarme un poco...
-No te enfades -rió Karolaine.
-Estáis piradas -acusó en broma-. Anda, voy averiguar que ocurrió para la anulación de la reunión.
Después de llamar a la puerta, entró en el gran despacho de Thom. Éste se encontraba hablando por teléfono, de manera que se sirvió un café de la pequeña máquina que tantas veces había utilizado en los largos días de trabajo.
-Lo siento mucho, Sabrina -se disculpó tras colgar-. Mi hija Hannah, se ha caído en el colegio y se ha roto una pierna. Como Helen, se encuentra fuera me tengo que ocupar de ir a buscarla...
-Vaya, lo siento. Si necesitas ayuda...
-Tranquila, estoy acostumbrado a los accidentes de Hannah. Ésta niña, siempre está retando a los chicos...
-No la riñas mucho -sonrió con lástima-. Me recuerda a mí, cuando era pequeña. Además es una niña muy dulce. Lo único malo que tiene, es que no le gusta jugar mucho a muñecas...
-Todo lo que tú digas -sonrió, mientras se ponía la chaqueta-. Ahora sufro por esto, pero en el día de mañana sufriré porque será una mujercita preciosa como su madre.
-¡Exagerado! -rió-. Aún te quedan años, para que empiecen a interesarle los chicos en ese sentido.
-El tiempo pasa volando. Bueno, te informo que eh anulado la entrevista con Cosméticos Carpi, para la semana que viene o antes, ya se verá. De manera que coge mi coche y...
-¡Qué coja tu Porche!
-Sí, yo cogeré un taxi. El 4x4, lo tiene mi mujer. Y una pierna rota, no entra ahí.
-Pero...
-Sabrina, tu coche lo tienes aún en el taller. Tienes que ir al hotel Roma, para hacerles las fotos del reportaje de San Valentín.
-Tu coche, vale una millonada -seguía excusándose-. Y si me lo roban y peor aún, si me estrello con él...
-Procura que no te hagas daño, si se da el caso -puntualizó con ironía-. Sabrina, tengo un puñetero seguro que pago año tras año, como para no utilizarlo alguna vez -sonrió, dándole un beso en la frente-. Procura no atropellar a nadie, creo que esa parte con el seguro es un poco...
-¡Thom!
-No se si volveré hoy, así que adiós niña.
Iba a llegar tarde. Entre lo que estaba lloviendo, que provocaba que la gente cogiera más el coche, en vez de los transportes públicos. Y porque el tonto que iba delante suyo, paraba en todos los semáforos en ámbar. Y porque ese coche, no era su viejo y destartalado jeep, todos sus movimientos eran muchísimo más lentos. No tenía ganas de hacerle ningún arañazo. No es que llevara una vida un tanto pobre, cobraba un buen sueldo. Pero no para una reparación de aquel nivel.
¡Al fin! Esperaba que no se enfadaran mucho. Llegaba con media hora de retraso. En teoría, Kevin es quien debería de realizar aquella sesión. Pero el pobre chico, llevaba tres días en cama con la gripe. De manera, que allí estaba después de que se suspendiera la reunión.
La revista, promocionaría para San Valentín, cinco hoteles románticos. Y hotel Roma, se había interesado. Sabía por comentarios, que era un lugar muy ideal para fechas tan señaladas como aquella. Que envidia, nunca le habían preparado algo romántico.
Se acercó a recepción, con todo su armamento de trabajo. Allí, había una joven chica que de seguida la atendió amablemente.
-Buenos días, podría avisar al señor Ángelo, soy Sabrina de la revista "Mujeres de Hoy”, por favor.
-Un momento, en seguida lo aviso.
Mientras esperaba a que la chica lo localizara por teléfono, se puso a observar la grandeza del recibidor. Era toda una belleza. Sin duda, le haría un par de fotografías. De repente, cuando sus ojos se posaron en una zona en donde había unas esculturas, una puerta muy cercana se abrió dando paso a dos hombres trajeados. Se quedó sin aire. El hombre más alto, era el atractivo adonis de aquella mañana. Con los nervios a flor de piel, se giró dándoles la espalda. Esperaba, que no la hubiese visto. ¿Pero qué demonios hacía él allí? Es que la ciudad, no era lo suficiente grande como para tener que encontrárselo el mismo día dos veces. ¿Y si se pensaba que lo seguía? Pensó por un momento un poco alarmada. Imposible. Pero tenía que tener en cuenta, que llevaba el traje que con tanto descaro él le había comprado. Bueno, le diría que le entregara la factura para hacerse cargo.
¡Por Dios! Por que no se la tragaba la tierra, por unos minutos. O mejor aún, por que no aparecía ya Ángelo, y la sacaba de allí.
-¿Señorita García?- Una voz de hombre, la llamaba. ¡UHF!, no era de él. Con una sonrisa se dio la vuelta para quedarse helada. Su adonis, estaba allí en compañía de Ángelo. Hoy, no tendría que haberse levantado de la cama.
-Sí, encantada señor Ángelo -le estrechó la mano. No sin antes, haber observado la sorpresa y gratitud en la mirada del otro.
-Mujer, llámame Marcos -sonrió afable.
-Gracias, llámame Sabrina.
-Me ha sido de gran gratitud, al comprobar que al final ibas a ser tú quien realizarías las fotografías. Me han hablado maravillas de ti, a parte de haber visto anteriores trabajos tuyos.
-Muchas gracias, cuando quieras empezamos con la ruta.
-Por supuesto, si no te importa nos acompañará mi cuñado Lucas.
-Como gustes -Lo miró solo unas décimas de segundo, con las mejillas sonrojadas. Para confirmar, que éste tenía una sonrisa divertida en la mirada.
¡Pero cómo de grande, era aquel hotel! El tiempo, se le antojaba demasiado lento para su gusto. Y no conseguía concentrase mucho, sabiendo de la mirada fija en su nuca de Lucas. Sus pensamientos fueron interrumpidos, por el sonido de un móvil. No era el suyo. Era el de Marcos, que con una mirada pedía disculpas por la interrupción.
-Lo siento Sabrina, me tendrás que disculpar por un corto tiempo, eso espero. Pero Lucas, te llevará por el recorrido y te aclarará cualquier duda que tengas. Es como su casa y se lo conoce como yo.
-No te preocupes, acude atender esa urgencia -¡Y un cuerno! En verdad, no quería quedarse a solas con él-. Yo más o menos, ya tengo una idea de como enfocarlo todo. ¿Cuanto te debo? -Lo abordó, nada más desaparecer Marcos por la puerta.
-Nada -sonrió jocoso-. Vaya, al fin me diriges la palabra.
-Ese "nada", no me sirve.
-Pues a mí, sí -respondió cortante-. Seguimos con el recorrido, quedan por visitar los dos dormitorios más importantes del hotel.
-No me pienso mover de aquí, hasta que me digas un precio -Refunfuñó, cruzándose de brazos.
-Pareces una niña pequeña, haciendo pucheros -se burló de ella.
-Y tú eres un... -empezó acusarlo.
-¿Qué soy? -la instó a seguir, sin perder la sonrisa en ningún momento. Para él, aquello era un mero juego. Pero para ella era perder su integridad.
-Dime un precio -volvió a repetir, dejando a un lado la acusación.
-Muy bien, ésta noche cenamos juntos -ordenó.
-¿Perdona? -pestañeó un segundo-. ¿Te piensas que voy a ir a cenar contigo, para que me digas el precio? Tú eres un cretino...
-Vaya -se rió-. No lo había mirado desde ese punto de vista. Para mí, con que vinieras a cenar ya me daba por satisfecho. Pero la verdad, no había mirado lo del chantaje.
-Olvídalo, no pienso acudir.
-Entonces, no me insistas en devolverme el dinero.
-¡Dios! No quiero ningún regalo, que venga de un libertino como tú.
-¿Libertino? -Acto seguido soltó una risotada-. No sabes nada de mí, para lanzarme esa acusación.
-No me lo recuerdes -gruñó-. Tú sabes bastante de mí, gracias a mis dos compañeras. Y para que lo sepas, los hombres que hacen ese tipo de regalos a mujeres que acaban de conocer, se les considera libertinos, mujeriegos, como quieras calificarlo mejor.... -sonrió desdeñosa-. Con la única idea, de llevárselas a la cama para luego desaparecer. Y amigo, tú entras perfectamente en ese perfil.
Por un momento se la quedó mirando, para luego volver a proferir una sonora carcajada ante la acusación de aquella preciosidad. Por lo visto, se había topado con una mujer un poco difícil de conquistar. Desconfiaba bastante de los hombres.
-Para serte sincero, eres la primera mujer que me provoca tales impulsos indecorosos como me has señalado -confesó sincero, pero sin perder el humor-. Y ciertamente, aunque creas esa mentira que te has formado en tu cabecita, siento comunicarte que has herrado.
-Ha, si no te importa, prefiero guardarme un poco la confianza -dijo recelosa.
-Como gustes. ¿Qué te parece si continuamos con la visita?
La siguiente media hora, no estuvo al cien por cien concentrada. Aunque Lucas, se comportara de forma profesional y dejara a un lado su instinto libertino, no estaba relajada. Y muchísimo menos, en aquellos espectaculares dormitorios.
-Son preciosos -admiró.
-¿De verdad te gustan? Pensé que con tu carácter, los encontrarías un tanto impuros.
-Perdona -se giró a él lista para atacar-. El que sienta cierta empatía hacía ti, no significa que no me guste lo romántico y seductor.
-Eres muy dura conmigo -sonrió-. Por culpa de un par de estereotipos de hombres, en dos minutos ya me has catalogado. Y no sé como hacer, para que veas la verdad.
-No me gusta vivir en un mundo de fantasías y engaños -le reprochó-. Bueno, ya tengo en mente que es lo que voy hacer -Cambió de seguida la dirección que estaba tomando la conversación-. Si me conduces hacía el recibidor, podré empezar a trabajar cuanto antes.
-¿Ya te has hecho una idea? Muy bien, tengo ganas de saber si es igual de bueno que todos los otros...
-¿Qué otros?- Preguntó extrañada y con gran curiosidad. Pero no pudo saber la respuesta, Marcos apareció al fin en aquel momento.
-¿Bueno, qué te ha parecido el hotel Sabrina?
-De ensueño -dijo con gran sinceridad-. Estoy segura que será un reportaje magnífico. Ahora, me disponía a comenzar con él.
-Bueno, la compañía es muy grata -interrumpió Lucas-. Pero yo tengo que marcharme hacer una llamada.
-Estas ocupado, eh -sonrió con complicidad-. Te hacen falta unas buenas vacaciones.
-Pero con una buena compañía para disfrutarlas -dijo esbozando una leve y enigmática sonrisa a Sabrina-. ¿Pero creo que eso me va a ser difícil, verdad Sabrina?
-No lo creo, Tienes pinta de ser un hombre que con dulces regalos hipnotizas a las jóvenes modelos... ¿Me equivoco?
-Aunque mi cuñado, aparezca en muchas revistas del corazón -interrumpió Marcos, sin darse cuenta que estaba dando información-. Le puedo asegurar, que la gran mayoría son mentiras. Es normal, que en una gala a uno lo fotografíen acompañado de mujeres. Pero eso no significa que todo lo que digan ligue... Éste hombre, está más casado con el trabajo que con la diversión.
-No hace falta que me defiendas, Marcos -se apresuró a señalar.
¿Revistas del corazón? ¿Galas? ¿Pero qué ocurría allí? Algo muy importante, se le estaba escapando ante sus ojos. ¿Quién era Lucas? Tenía que ser un peonaje famoso, para moverse en el ambiente de las galas y salir en las revistas del corazón. ¡Maldita sea! Nuevamente volvía hallarse en desventaja, en lo referente a él.
-Ciertamente, Marcos... -se giró con gran curiosidad-. No soy una mujer, dada a comprar revistas del corazón. Y tengo que decir, que tampoco llevo mucho tiempo aquí en Londres. Así, que francamente no tengo ningún tipo de referencia de quién es Lucas...
-¡Vaya! -exclamó sorprendido y divertido-. Entonces, no sabes que Lucas se encuentra en la lista de los diez solteros más sexy y ricos de...
-Gracias, Marcos -interrumpió Lucas-. Pero creo, que la señorita García tiene mucha prisa...
-¿Así? -inquirió divertida.
-Sí. Y lo siento mucho, pero debo llevarme un momento a Marcos, por un tema pendiente... -Vio como ella, le estaba dedicando una miradita de asesina-. Así que, encantado de haberla conocido. Seguro que volvemos a encontrarnos muy pronto.
-Viniendo de ti, me lo creo. Adiós -Cretino. Pensó enfadada.
-Espero poder atenderte cuando te marches, sino, ya nos veremos cuando me entregues el resultado de todo. Y muchas gracias por ser tú, quien ha venido a realizarlo -Le agradeció Marcos.
-De nada -sonrió, mientras se disponía a coger lo necesario ignorando a Lucas.
Eran las tres pasadas de la tarde, cuando acababa de hacer todas las fotografías necesarias. Cuando un trabajador del hotel, se le acercó para informarle que en el comedor tenía una mesa reservada. ¡Tenía que confesarlo! Le encantaba la comida italiana, y ya puestos que se encontraba allí, no pensaba perder la oportunidad de perderse un exquisito bocado. Lo que no se esperaba, es que cuando la condujeron a su mesa ya estuviera ocupada por Lucas. Adiós, a su idea de una deliciosa comida.
Éste se levantó y despachó al camarero, para ser él quien la invitara a tomar asiento. Pero en vez de sonreír, Sabrina lo miró con gran enfado y cruzándose de brazos, se quedó de pie.
-¿Qué clase de encerrona es ésta?
-Ninguna -dijo, encogiéndose de hombros-. Hace poco que llegué y pregunté por si te habías ido ya. Como me dijeron que no, supuse que tendrías hambre...
-No te creo. ¿Por qué no lo intentas nuevamente?
-¿Así me pagas el traje?- Volvió a decir con cierta precaución.
-¿Lucas? -volvió a insistir con poca paciencia, poniendo los brazos en jarra y mirándolo aún más enfadada.
-Quiero conocerte -soltó al fin a regañadientes-. Lo digo en serio. Ésta mañana, al chocarnos me gustaste mucho. Quise impresionarte, por eso te regalé el traje... Y como gracias a la indiscreción de tus amigas sé en donde trabajas, quería pasarme ésta tarde para invitarte a cenar...
-¿Para luego llevarme a la cama? -reprochó en tono mordaz y agitando una mano el aire con gesto vehemente.
-No soy de esos Sabrina... -le respondió, estudiándola con los ojos entrecerrados ante su respuesta.
-Ah no, que esperarías un par de días -lo miró con cierto desprecio-. ¿Y después qué, me olvidarías y ya está para mí?
-Sabrina, por favor -le espetó furioso consigo mismo, por ver que no confiaba en él-. ¿Por qué eres tan negativa conmigo? En ningún momento, eh dicho que te buscaba para llevarte a la cama. Por supuesto que me gustaría, a qué tonto no. Eres una mujer muy bonita...
-Me voy -soltó decidida-. Lucas, lo siento mucho. Eh venido a Londres a trabajar. No para ir de cama en cama. Y menos, de caer en las manos de un play boy.
-No te marches, por favor -le pidió-. Siento mucho, el maldito momento en que decidí comprarte ese traje...
-Aunque no lo hubieras hecho -le soltó mordaz-, no hubieras conseguido nada. No mantengo relaciones con hombres como tú.
-Ya te he dicho, que lo que dice la prensa rosa, no es verdad... -dijo cansinamente.
-Antes no sabía que salías en la prensa rosa, eres el típico hombre guapo que se aprovecha de cualquier falda. Pero ahora que me hago una idea de que sales en la prensa, te digo que somos de mundos diferentes. Yo trabajo, tú diriges. Yo salgo a tomar algo, tú vas a grandes fiestas...
-Entiendo, piensas que eres una mera diversión para mí... Algo nuevo...
-No lo pienso. Sé que es eso -respondió desdeñosa-. Ahora, con tu permiso me marcho a mi casa.
-Permíteme que te acompañe... -seguidamente soltó las siguientes palabras con un toque frío de ironía-. Al menos, creo que en los dos mundos, según tú, existe la caballerosidad.
Durante el trayecto en ascensor hacia el parking, reinó un absoluto silencio. Sabrina, lo condujo al coche de Thom y una vez que hubo guardado todo se giró a él, un tanto nerviosa.
-Bonito coche -comentó él-. Tubo que costarte lo tuyo...
-Es de Thom, mi jefe -dijo rápida.
-Es muy buen jefe, si te deja una reliquia así...
-Primero, soy capaz de cuidarlo. Y segundo, somos muy buenos amigos. Lo he cogido, por que el mío está en el taller. Thom, ha tenido una emergencia...
-Su hija -interrumpió sorprendiéndola una vez más-. Lo sé. Y tampoco, es para que te pongas así. Era solo una broma.
-¿Cómo sabes lo de su hija? ¿Quién eres, Lucas? -empezaba a molestarse de verdad.
-Un hombre de negocios, como Thom. Trabajo una calle más abajo que tú. Lo malo, es que a parte de salir en financiación, también salgo en la prensa rosa. Por aquí, los altos mandos nos conocemos muy bien.
-¿Qué tipo de empresa llevas?
-Una que me está volviendo loco... -indicó sin darle importancia a la insistencia de ella-. Mejor así, es mucho más interesante que nos guardemos algo para nuestra primera cita.
-No insistas, ya te he dicho...
-Cierto -apoyó las manos sobre sus hombros, después de haber abierto la puerta del piloto-. Tú ya has dicho, ahora me toca decir a mí. Y demostrarte, que vas muy equivocada.
-Estás perdiendo el tiempo...
-No, tú estas gastando saliva tontamente en llevarle la contraria a tú corazón.
-¿Pero qué tonterías son esas?
-Ninguna, cariño. Te dejo, así aprovecho y arreglo un par de cosas, ya que no quisiste comer conmigo. Nos veremos muy pronto -le comunicó casi en un susurro, antes de sorprenderla con la suave y corta caricia contra los labios de ella, en un cálido beso. Después, salió corriendo tan rápido no sin antes haberle sonreído con gran triunfo en la mirada.
Muda por la sorpresa, se lo quedó mirando con las cejas fruncidas hasta que las puertas del ascensor se hubieron cerrado, dejándola allí sola y completamente aturdida. Se sentó en el coche, sin poder disimular una pequeña sonrisa. Pero estaba enfadada. ¿Cómo se atrevía? ¿Y en dónde había aprendido a besar de aquella manera, Jesús?
No quería volver a verlo. Alguien que tenía aquel don, no tenía que ser muy bueno para el corazón. Y hablando del corazón, si tenía tiempo haría una pequeña visita a una papelería. Tenía que saber quién era Lucas.